lunes, 12 de octubre de 2015

El amor y la comida, dos cosas que nos alborotan el estómago

Parece que existe una regla que no necesita ser escrita y en la que todas las personas que conozco están de acuerdo: regalar comida  es una muestra afecto. Porque en apariencia eso de que la barriga llena deja el corazón contento es cierto.

Desde el punto de vista del funcionamiento corporal suena lógico, que un cuerpo con combustible suficiente puede proveer a los músculos y al cerebro de la cantidad de energía necesaria para ejecutar sus funciones de manera adecuada. Así, cuando le regalamos comida a alguien, indirectamente le queremos decir que deseamos su bienestar.

Ahora, imaginémonos lo que quiere decir un chocolate, que no solo es alimento, sino que ayuda a liberar hormonas para la alegría como la serotonina. Sí, el chocolate es una expresión física y química de cariño. Que además lleva a más de uno directo a la infancia.

Creo, con parte de mi cerebro y algo de mi estómago,  eso de que a un hombre se le conquista por la panza. No se trata de atiborrar con comida al susodicho. Es que la comida habla sin palabras y esos discursos que no tocan el aire son los que le pegan más fuerte al alma.

A continuación espero que mi lector se imagine lo que viene con voz de narrador español noventero de documental de la National Geographic.

El amor, activa en el cuerpo una situación de alerta, las pupilas se dilatan, sentimos las mal llamadas mariposas en el estómago, que son una combinación de hormonas preparándonos para buscar pareja, como un león tratando de cazar un venado.  

Aquí hay que apagar la vocecita mental.

La alimentación es una de las necesidades básicas humanas,  apela directamente a los instintos de supervivencia y protección que no podemos eludir. Son pocos (si es que existen) los animales que no reciben la primera comida de su madre. De igual manera los humanos buscamos conectarnos con los demás a través del alimento.

En Asia existen el día blanco y el día negro,  dos ocasiones en que las personas le regalan chocolates a sus parejas o mejores amigos. En México están las calaveritas de dulce para recordar a los fallecidos. En Italia existe un tipo de pan que no se puede poner boca arriba en la mesa, por que dicha acción representa una ofensa.

En Colombia hay postres con nombres como “solteritas” o “divorcio” que deben tener alguna historia detrás. Por si fuera poco, en  lo que conozco del mundo se regalan dulces para  decir “te quiero”, esto último debe ser un poco más difícil para las personas con problemas de azúcar
.

Cuando la mesa se pone de manera elegante, el corazón también se engalana, porque lo queramos o no, el amor y la comida se parecen, nos revuelven la panza y despiertan nuestro lado más salvaje para preservar la especie. 

1 comentario:

  1. Jaja. Me repetí la lectura del artículo con la voz mental. Pregunta: donde venden esos postres colombianos? Te aceptó el tema del liberal, brazo de reina o el churro y el roscón (los cuales me he puesto a imaginar que historia bizarra hay detrás de sus nombre) Saludos

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