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lunes, 13 de junio de 2016

Doméstica, un lugar para comer o pasar la lluvia.


Doméstica es una panadería/salón de onces, ubicada en la carrera sexta con 56 en Bogotá donde desde la entrada se respira calidez, Apenas uno cruza la puerta, se siente ese calorcito propio de los abrazos de abuela, huele a dulce y panadería de barrio.

Por dentro tiene maquillaje de diseñador independiente, colores pastel, madera, paredes blancas, un tablero gigante con dibujos en tiza y la cocina que está separada de la zona en la que comen las personas. Al fondo hay un jardín del que se recogen frutas para la aromática, adentro un sillón varias mesas.

Los sabores son caseros, pero no necesariamente tradicionales, tienen galletas chai, de chocolate, tortas con almendras, helados, rollos de canela con especias  y panes artesanales. La dueña, Dominique, es una mujer que atiende el negocio con tanta dedicación como una madre a un hijo.

Por si no tiene plan, hay wifi, libros para los aburridos y cobijas por si hace frío, es un lugar amigo de las mascotas, de vez en cuando Masato el perro oficial  (un criollito juguetón), se pasea con pañoleta meneando la cola, muy campante.

Uno encuentra estudiantes, señoras tomando onces, muchachos escribiendo en computador,  personas tranquilas y sencillas que le apuestan a un rato de calma en medio del agite citadino, resulta increíble que Doméstica quede apenas a una cuadra de la carrera séptima, pero así es Bogotá, llena de contrastes y sitios para desconectarse de tanto gris.

lunes, 12 de octubre de 2015

El amor y la comida, dos cosas que nos alborotan el estómago

Parece que existe una regla que no necesita ser escrita y en la que todas las personas que conozco están de acuerdo: regalar comida  es una muestra afecto. Porque en apariencia eso de que la barriga llena deja el corazón contento es cierto.

Desde el punto de vista del funcionamiento corporal suena lógico, que un cuerpo con combustible suficiente puede proveer a los músculos y al cerebro de la cantidad de energía necesaria para ejecutar sus funciones de manera adecuada. Así, cuando le regalamos comida a alguien, indirectamente le queremos decir que deseamos su bienestar.

Ahora, imaginémonos lo que quiere decir un chocolate, que no solo es alimento, sino que ayuda a liberar hormonas para la alegría como la serotonina. Sí, el chocolate es una expresión física y química de cariño. Que además lleva a más de uno directo a la infancia.

Creo, con parte de mi cerebro y algo de mi estómago,  eso de que a un hombre se le conquista por la panza. No se trata de atiborrar con comida al susodicho. Es que la comida habla sin palabras y esos discursos que no tocan el aire son los que le pegan más fuerte al alma.

A continuación espero que mi lector se imagine lo que viene con voz de narrador español noventero de documental de la National Geographic.

El amor, activa en el cuerpo una situación de alerta, las pupilas se dilatan, sentimos las mal llamadas mariposas en el estómago, que son una combinación de hormonas preparándonos para buscar pareja, como un león tratando de cazar un venado.  

Aquí hay que apagar la vocecita mental.

La alimentación es una de las necesidades básicas humanas,  apela directamente a los instintos de supervivencia y protección que no podemos eludir. Son pocos (si es que existen) los animales que no reciben la primera comida de su madre. De igual manera los humanos buscamos conectarnos con los demás a través del alimento.

En Asia existen el día blanco y el día negro,  dos ocasiones en que las personas le regalan chocolates a sus parejas o mejores amigos. En México están las calaveritas de dulce para recordar a los fallecidos. En Italia existe un tipo de pan que no se puede poner boca arriba en la mesa, por que dicha acción representa una ofensa.

En Colombia hay postres con nombres como “solteritas” o “divorcio” que deben tener alguna historia detrás. Por si fuera poco, en  lo que conozco del mundo se regalan dulces para  decir “te quiero”, esto último debe ser un poco más difícil para las personas con problemas de azúcar
.

Cuando la mesa se pone de manera elegante, el corazón también se engalana, porque lo queramos o no, el amor y la comida se parecen, nos revuelven la panza y despiertan nuestro lado más salvaje para preservar la especie. 

sábado, 4 de abril de 2015

Hágale al sushi pues.

Imagen tomada de 
: https://38.media.tumblr.com/tumblr_mduybmjHVq1qzqwamo1_500.gif
Lugar: Hanashi Sushi Bar
Pros: Rico, buen precio.
Contras: el local en el que estuve era pequeño.
Precio de la cuenta: 37000 pesos
Veredicto : ¡Hágale al sushi pues!, Delicioso.
Plato que se pidió: Combo miel mostaza.

Llegamos al lugar, un local modesto y para ser franca pequeño cerca a Salitre Plaza con un letrero que decía Hanashi Sushi, en fondo rojo y escrito con letras negras. A la entrada  había una pareja, un señor, y 3 personas en la cocina. Como es habitual en algunos restaurantes de sushi los ingredientes se exhibían en un mostrador de vidrio: palmitos, cortes de salmón , pescados, caviar naranja entre otros.

Una chica muy amable nos atendió, mi novio y yo pedimos un combo miel mostaza que traía 4 medios rollos de diferentes tipos de sushi. Aparte una Coca Cola y un smoothie de feijoa. La misma joven nos pasó un plato pequeño con salsa de la casa  y otros dos con palmitos de cangrejo apanados.

-     Cortesía de la casa- dijo ella.

¡Al ataque! los palmitos se acabaron en un dos por tres. mientras llegaba el plato esperamos un tiempo razonable, pensamos que el asunto se estaba demorando hasta que vimos el pedido del señor a nuestra izquierda sobre la barra: los cortes eran generosos. Bien preparados, alineaditos en el plato como un equipo de fútbol esperando pa’ la foto. Se me hizo agua la boca.

Llegaron las bebidas, el smoothie de  Feijoa: Grande, con una buena consistencia y barato. Uno, dos, tres sorbos, nada que llegaba la ocmida, mi novio se antojó de mi jugo  y miró su Cocacola con cara de “yo también debí haber pedido uno”  tomó algunos sorbos medio tímidos.

Justo cuando mi panza se disponía a entrar en huelga, ¡Zas aparece nuestro plato! que traía : 5 makis Philadelphia, 5 makis California, 5 makis eby tempura, 5 makis tempura sumiday. Todos  bastante grandes y otra porción de palmitos de cangrejo apanado con salsa de la casa, el jengibre y el wasabi habituales, en las esquinitas como siempre. Valió la espera.

-          ¿Señorita, me regala una ayuda para niños?- pedí.

Nunca he podido aprender a manejar esos condenados palitos, no importa cuantas veces lea las instrucciones, ni cuantas veces me enseñen.

-          Sí, claro- ella volvió con el maravilloso pedacito de plástico rosado que evitó mil desastres en la mesa.

¡La muela iba al ataque de nuevo! Esta vez con más hambre. Pedimos la salsa de soya y comimos como lobito feroz. El sabor era perfecto, por milagros del cielo ningún rollito se deshizo, ya les conté que soy ultra torpe  con los palitos. La textura estaba apenas, ni duros, ni blandos. Los bocados eran grandes, tanto que abrí la boca para comerme uno y quedé con los cachetes inflados como un hámster que se ha embutido semillas. Me tomó tiempo masticar mientras mi novio se reía.

-          Es delicioso verte comer- comentaba él.

Yo sabía que por dentro esa frase significaba: haces más reguero y espectáculo que un bebé con compota en la cara.  Aunque estábamos llenos quedaban 4 cortes de sushi, nos pusimos de acuerdo, dos él y dos yo.  Quedamos con la panza tan llena como un Buda. Pedimos la cuenta: $37.000 incluida la propina. Salimos casi rodando, felices.

Yo  por mi parte recomiendo  el local y repito.

Por si a alguien le interesa buscar la opinión de otros usuarios: https://www.degusta.com.co/restaurante/bogota/hanashi-sushi_100159.html