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miércoles, 11 de noviembre de 2020

La moda insufrible

Llevo dos años viendo bloggers de moda y estilo que se arriesgan poco. Chicas preciosas que optan por opciones seguras: colores negro, blanco, gris, caramelo, beige… Neutros que combinan con todo y se ven bien en casi cualquier tipo de tejido y cuerpo. Es una ruta fácil para llegar al éxito sin incomodar, sin enfrentarse al miedo o al juicio de los demás.

Este año he vigilado marcas colombianas, españolas, francesas, koreanas, japonesas y de otros países. Miré las camisetitas de nido de abeja del verano hasta el hartazgo una tras otra, replicando la tendencia sin variaciones mínimas. Los cropped sweatshirts de las tik tokers que poco se animan a coser lentejuelas, piedras y dibujos propios en su ropa  y llenan la tela con silicona. Todo me parecía tan triste como el encierro de la cuarentena.

Si hablamos de cuarentenas, a pesar de estar en sudadera y usar la misma ropa una y otra vez hasta que me deprimí y dije que esa chica en uniforme no podía ser yo. Tuve la oportunidad de ver como las marcas locales se plagaron de sudaderas, leggins, tapabocas, trajes antifluido, caretas y opciones que llamaban a la comodidad que tanto desdeñaban. Pero de nuevo, los colores neutros sin mayores detalles, uno que otro pastel, alguna gota de neón, como se había previsto por los caza tendencias de siempre y los artículos que nos hablan sobre faldas, pantalones y ropajes sin los que no podemos vivir.

Luego encontré otro tipo de bloggers y youtubers: las atrevidas, esas que inquietan esas y enseñan como bordar, que adaptan el modelito de la temporada a sus gustos. Las que muestran como hacer aretes al estilo hindú con materiales de papelería, que se adueñan de un paquete de ganchos, tres espejos y un pedazo de cemento y de un momento a otro sacan alguna obra de arte, esas que permanecen escondidas y tienen menos seguidoras. Las que no necesitan gritar, ni poner un tono estridente, ni verse perfectas en la cámara y son en medio de su propio refugio web bellezas indomables.

Me idiotizo con los videos de savoir faire de las grandes casas de moda, no solo los de este año y el pasado, sino los de los noventas, los de los dos mil y caigo en cuenta de que la moda vale por la cantidad de trabajo de quienes la realizan, no porque sea Mcqueen, Lanvin, Chanel o Gucci. Me estremecen los colores, las formas y la elegancia de algunos desfiles antiguos. Y bostezo al ver como  Los más grandes, los que erigieron las casas inmensas del glamour han muerto o se mantienen en sus pedestales. También con propuestas cómodas y consistentes que los salven del juicio. ¿Qué carajos les pasa? Que la economía esté mal no quiere decir que la creatividad también. En algunos casos vi colecciones impecables que no tenían un ápice de novedad.

La moda es también el reino de la exhuberancia, un reposo para la expresión. Si estamos en cuarentena y sufrimos y extrañamos y sobre todo si nos vestimos, que sea como lo que soñamos o deseamos. No como si otros nos miraran. No como si quisiéramos complacer a esos otros que nos ven y se olvidan. Es el mejor tiempo para las selfies extrañas, para los adornos en el pelo y estar sin brassier y usar las superposiciones de prendas y cosas que no nos atrevemos en público. es el tiempo paras el desarrollo de la creatividad.

¿Porqué hay miedo de desencajar? ¿Porqué hay necesidad de seguir la tendencia sin antes examinarla? ¿Acaso tenemos tanta aprensión a lo desconocido como para no aventurarnos a destacar? Porqué seguir con los ciclos de la moda insufrible y despersonalizable cuando  Dentro del cuerpo de cada ser humano hay un montón de rarezas y milagros que claramente no se reflejan en la forma que vestimos y hablan más de una cotidianidad repetitiva que de las maravillas  y dolores que se acumulan en cada intelecto.

Hay cientos y cientos de revistas y blogs de moda que se limitan a repetir los comentarios de X o Y chaqueta divina. Cientos y cientos de textos y fotos online que reflejan el espíritu y la rapidez de nuestra época, con críticas a la ligera sobre un tema  tan fuerte como la identidad personal. artículos y looks que se repiten y se legitiman, por nuestra comodidad, pereza o miedo.

Y lo bueno es esto: Tenemos el poder de no ser los mismos, tenemos el poder de cambiarlo.

lunes, 10 de agosto de 2020

Aprender a caer sin gracia.

Embarrarla, equivocarse, meter la pata… hay muchas maneras de decir que hemos hecho algo mal, pero solo una para salir airosos de nuestros malos pasos, esta es: ser responsables, pedir perdón, aprender y tratar de no volver a repetir las situaciones que nos han puesto en problemas.

Hay personas que saben caer con gracia, tapan los errores con tierra, ponen pañitos de agua tibia, rompen un vidrio y esconden la piedra, pero esto no sirve de nada. Prueba de ello son las indignaciones políticas que pululan en las conversaciones espontáneas, los mares de lágrimas que se derraman en los bares y los baños universitarios por motivos de infidelidad. Los te lo dije de nuestra familia y porque no, hasta la cantidad de amistades que se destruyen por tonterías.

La mejor forma de aprender  a caer es sin gracia, afrontando nuestras fallas. sentir el golpe y levantarnos demuestra madurez y nos hace fuertes ante el rechazo y la rabia que podamos sentir frente a nuestros propios actos.  No es un misterio, sino una lección que la vida nos enseña a trompicones y es que cada caída es una oportunidad para entender que necesitamos mirar al frente en vez de estar pegados a expectativas bajas que nos arrastran contra el suelo.

Ahora,  no todo es tan terrible…los errores sirven para algo: crecer, hacerle frente al dolor y convertirnos en personas que quieren dar lo mejor de sí. Tomemos nota, cada malentendido, cada falla, cada caída  es una oportunidad para reconocer lo que nos hace falta y levantarnos.

Pedir excusas, pasar saliva y admitir nuestra culpa no siempre basta, pues como decía Mario Benedetti “El peor error del ser humano es intentar sacar de la cabeza aquello que no sale del corazón” Por eso, dejemos de pedir disculpas y dediquémonos a reparar los daños en un ejercicio de perdón propio y de los demás. Recordemos que muchos de los problemas humanos y heridas se quedan en el corazón y  solo después de mucho, mucho tiempo pasan a la cabeza y con ello al análisis personal.
 
Si hemos hablado con rabia y sin pensar, si hemos dejado que palabras dichas con rabia se nos claven en la conciencia, es hora de desenterrarlas y aprender a cuidar las heridas para que sanen solas, con tiempo o con esfuerzo, pero que sanen.

Aprendamos a caer sin gracia y embarrémonos de experiencia, de nada sirve levantarnos majestuosamente si hemos dejado a otros en el suelo.

miércoles, 9 de enero de 2019

Cumple tus propósitos de año nuevo, no más mentiras

Apenas suenan las doce campanadas que separan un año del otro sentimos que una energía renovadora invade nuestro cuerpo. Nos planteamos un montón de propósitos: que sí nos vamos a poner en contacto con nuestra espiritualidad, que vamos a ahorrar mejor, hacer ejercicio, tomar ese curso, emprender ese negocio y tomar un avión para tener ese viaje soñado. Y puff, en marzo ya se nos ha olvidado la mitad.

Ya lo decían las abuelas… el que mucho abarca poco aprieta.

Por eso quiero ayudar con sus propósitos de año nuevo, para que este año no nos digamos mentiritas blancas. Esta es una lista para que no nos quedemos soñando y pasemos a la acción. Recomiendo  iniciar con una o tres tareas pequeñas.

1. Define con claridad tu obetivo: Anota los 3 propósitos en una cartelera lo más bonita que puedas y ponla en un lugar que sea visible y te haga sentir bien, mírala cuando sientas que pierdes las ganas de seguir adelante.

2. Genera un sistema de monitoreo de tus propósitos. Puedes cargar una agenda pequeña en la que escribas cuando has avanzado y retrocedido respecto a tu meta y que acciones has hecho para acercarte a ellas, también utilizar un calendario o  un planeador y poner metas en tiempos específicos.

3. Toma descansos y prémiate cada vez que logres cumplir una tarea crucial para lograr tu objetivo. Así condicionaremos la mente tu mente para buscar la satisfacción del deber cumplido y encaminarla hacia. 

4. Los hábitos se adquieren poco a poco, si has dejado de ser constante no te culpes y retoma la práctica lo más pronto posible.

5. Recuerda que eres responsable de tus avances y retrocesos, si ves un obstáculo lo mejor que puedes hacer es pensar ¿Cómo solucionarlo? No sentarte a pensar que el mundo se va a acabar. Si no puedes vencerlo busca ayuda; si ni siquiera la ayuda funciona, respira y espera a que puedas pensar con más claridad. Muchas veces no encontramos soluciones por falta de nuevas perspectivas.

6. No importa que sea mitad de año, iniciar un plan es algo que podemos hacer cualquier día y a cualquier hora, lo único que requerimos es voluntad y ganas de mejorar nuestra vida.

Si las cosas salen bien y te llenas de disciplina es posible que al intentar cumplir tu propósito también generes otros hábitos, aprendas a enfocarte un poco más y sientas mucha satisfacción. Si no logras cumplir tu propósito de año nuevo. Puedes elegir continuar hasta lograrlo o abandonarlo, ambas opciones son válidas, solo que antes de abandonar debes plantearte lo siguiente ¿He dado lo mejor de mí? ¿Realmente lo deseo? Esto te ayudará a aclarar la mente.

Feliz año nuevo, atrasado, que logren cosas hermosas y tengan ratos muyyyyyy agradables. Abrazos.

martes, 24 de julio de 2018

5 formas de ayudar a nuestro país


¿Les ha pasado alguna vez que escuchan las noticias y quieren taparse los ojos? ¡Digo los oídos! Aunque no soy nadie ejemplar para pontificar o jurarme un buen ejemplo, he venido dándole vueltas a esta pregunta que me ronda la cabeza hace rato. Por eso, si usted es de los que quiere mejorar este país y no solo sentarse a criticar, tengo algunas opciones que pueden mejorar la vida comunal si se ponen en práctica.


1. Educarse y practicar

Uno de los grandes problemas de nuestro país es que no todos tenemos acceso a la educación, los pocos que podemos estudiar no siempre entendemos el valor que tiene (Ni en el ámbito personal ni en el económico). La educación nos regala la posibilidad de transformar nuestro entorno, entender las condiciones que nos rodean y las fallas que podemos ayudar a subsanar a nuestro alrededor. No solo se trata de leer y memorizar, se trata de utilizar los conocimientos que hemos adquirido.
Si usted escribe, practique la escritura, si es carpintero haga cosas con madera, si hace ciencia busque proyectos nuevos u organícelos, si es fan de los números póngalos la disposición de todos para mejorar su vida y la de otros, aprópiese de su entorno a través de su trabajo, pero no se limite a su propia vida. Busque la interdisciplinariedad, haga equipo con personas de otras especialidades, los resultados pueden sorprenderle.

2. Enseñar.

Si es de los afortunados que tiene la posibilidad de aprender no se quede con el conocimiento solo para usted. La sabiduría como el aire y el agua deben ser accesibles para todos, una de las formas de romper las barreras de pensamiento y acción es compartir enseñanzas, dicen que el conocimiento vale, es cierto pero no solo monetariamente, también existe valor social y simbólico. En la medida que una persona adquiere conocimientos tiene la posibilidad de abrir su horizonte a nuevos puntos de vista y usted puede ser la persona que le abra ese mundo a otro. 

3. No aliente la cultura de la malicia indígena, ni la tome como un juego

Existen prácticas que pueden parecer ahorradoras de dinero y tiempo pero tienen impactos sociales negativos, la doble fila en los supermercados quita tiempo a los cajeros, a las otras personas y pone de mal humor a los que notan lo que sucede, también le quita la oportunidad a otro de tener su turno con rapidez y genera congestión en los almacenes. Colarse en un bus no solo es injusto con quienes pagan, también incomoda y puede generar accidentes. Cobrar de más desangra el bolsillo de personas que necesitan el dinero tanto como quienes manejan el vehículo de transporte. Pensar en el bienestar propio sin pensar en el ajeno es entorpecer un sistema de interacciones humanas complejas que están interrelacionadas a un nivel tan preciso que no podemos imaginarlo. 

4. Olvídese el ojo por ojo
Cada persona tiene sus preocupaciones y sus errores, concentrar la energía, el cuerpo y la mente en devolverle el dolor que usted ha vivido a otra persona le quita tiempo que podría gastar en hacer cosas productivas que generen crecimiento personal en cualquier ámbito. Además las pequeñas venganzas generan sentimientos negativos en vez de generar soluciones a los problemas. 
Por otra parte el estado de ánimo de una persona tiene impacto directo en el de quienes le aprecian y le rodean la tristeza, la risa, el tedio pueden ser contagiosos, la comunicación humana tienen un porcentaje oral y uno corporal y la interacción humana también se nutre de la imitación del comportamiento. 

5. No solo hay que criticar también plantear soluciones
Quejarnos es delicioso y alivia, pero no siempre genera cambios. las críticas pueden darse desde el análisis o desde el sentimiento, sin embargo si no planteamos soluciones u otras formas de ver y no repetir  los problemas que encontramos sirve de poco tener en cuenta los defectos. si criticamos un ejercicio más interesante es el de ponernos en el lugar de quienes afrontan los problemas y buscar soluciones, tal vez así cuando pasemos una situación similar también podremos verla y afrontarla de manera distinta.

Espero que estas pequeñas claves para ayudar a mejorar nuestro país le animen a ser una persona llena de ganas de vivir, aprender y aceptar las enseñanzas de la cotidianidad, todos podemos hacernos cargo de nuestro país y mejorarlo; feliz día.


lunes, 18 de junio de 2018

Rendirse ¿Otra estrategia de lucha?


Desde pequeña escuché que debía luchar por mis sueños, luchar por la igualdad, luchar por una sociedad más justa, luchar, luchar y luchar, como si la vida fuera una eterna pelea.

No fue culpa de mamá ni papá, sino de todos los mayores que me hablaban y me daban lecciones de vida con mucho cariño, para afrontar los momentos difíciles.


A medida que crecí un poco reconocí ese espíritu de la lucha en todo: en el transporte público donde las las personas dan codazos, en los que se suben al bus para denunciar la injusticia social y luego piden plata con cara amenazante, en los amantes de la vocina o los autos que se estrellan en la calle o en los motociclistas que aceleran cuando ven a un peatón y en cada persona que llega de mal humor a la oficina.

Pero esta entrada no es sobre ellos, es para ellos. 

No sé si no se cansan de eso de ir en contra de todo y de todos para poder hacer realidad los deseos que hierven en el interior, tampoco si al igual que yo están hartos de “Luchar por..” siento que esas dos palabras son una carga muy pesada. 


Como es usual voy a la RAE, para saber lo que significa luchar, aparecen estos significados:
1. f. Pelea en que dos personas se abrazan con el intento de derribar una a otra.
2. f. Lid, combate, contienda, disputa. U. t. en sent. fig.
3. f. Oposición, rivalidad u hostilidad entre contrarios que tratan de imponerse el uno al otro.
4. f. Esfuerzo que se hace para resistir a una fuerza hostil o a una tentación, para subsistir o para alcanzar algún objetivo.

Eso de luchar por todo, de ir por ahí cada cual una burbuja de espacio personal, asimilando el eterno malentendido como algo obligatorio, de pensar que los sueños o propósitos no son susceptibles de ser comprendidos me resulta una tontería.

Alguno dirá ¡Pero es que desde el colegio nos uniforman, piden que seamos obedientes, que hagamos como los otros compañeritos de clase! y nadie quiere ser igual. La mala noticia es que en este hervidero de almas todos buscamos diferenciarnos, la buena que no estamos tan solos en ese sentimiento. Luego, llega la adolescencia, y el conflicto ya no es solo con los otros sino con nosotros mismos esas luchas particulares que intentan validar nuestro carácter único en la juventud son las que nos sirven para reconocernos como semejantes en la madurez. 

Nos comemos ese cuento de que nuestra individualidad va en contravía de una sociedad masificante, nos encerramos en casa después de estudiar o trabajar o de lo que sea que hagamos. 

"Cerramos los ojos antes de dormir y nos tragamos las mil soledades diferentes que nos habitan, pensando que nadie siente lo que sentimos y con buena razón, nadie siente como otro. Pero eso no implica que seamos incomprendidos."

A veces pienso que tenemos que dejar de luchar por y para casi todo. Las preocupaciones humanas esenciales, no son únicas, más bien compartidas: comer, dormir, tener alguien en quien volcar nuestro afecto, algo en lo que poner nuestros vacíos. son cosas tan simples que más que una lucha deberían fomentar el espíritu de colaboración humana.


Si ser un luchador es derribar al otro, no quiero luchar mis sueños no pesan mas, ni menos que los de otros.
Quiero abrazar sin intentar derribar; no entrar en combates inútiles,de eso ya está lleno el mundo. tampoco deseo imponerme… ¿Para qué pisotear al compañero cuando se puede utilizar el cerebro para persuadir o para construir? Quiero caminar al lado de otros, no resistirme a su fuerza pues esta nos puede llevar juntos a un mejor camino.

Si mi querido lector/a es de los que se estresan en la calle, que piensan solo trabajar y salir del paso, de los que creen que nadie los entiende, que luchan por sus sueños con el tedio en los hombros y la firme convicción de que anda solo en este mundo. Lo invito a que mire alrededor, deje de hablar de luchas y mas de construcciones personales y colectivas, la gente en su entorno también tiene cargas similares a las suyas y una sonrisa puede hacer milagros en el día de otros. 

Necesitamos quitarnos esa mentalidad de competencia, mejor dicho menos lucha y más trabajo. Un café, una llamada espontánea, un saludo cordial pueden ser la clave para quitarse los guantes y empezar a recorrer la vida dándonos la mano. Por que rendirse ante el encanto de la vida también es una buena estrategia para planear y saber cuales son realmente nuestras luchas.

domingo, 25 de marzo de 2018

Personas tóxicas ¿De dónde sale eso?

Esta mañana encontré  en redes sociales el post de un compañero de clase que decía “ perdónenme si alguna vez fui la persona tóxica en su vida”. Me causó impresión. No por que pidiera perdón, sino por el hecho de que una persona pueda llegar a pensar que causa toxicidad en la vida de otra.

Más si tenemos en cuenta que como seres humanos somos seres libres de elegir a quienes dejamos entrar y a quienes vetamos de nuestras actividades cotidianas.

Les voy a comentar porqué no estoy de acuerdo con el término persona tóxica:

1. La parabra tóxico según la RAE (Real Academia de la Lengua Española) es un adjetivo e implica que aquello a lo que caracteriza “contiene veneno o produce envenenamiento”. Partiendo de aquí la definición ya es bastante fuerte como para decir que una persona es tóxica.  Además suena a Melodrama.

2. No conozco un ser humano que carezca de pesimismo, aunque la actitud es clave a la hora de enfrentar los retos, existen otros factores y circunstancias que pueden cambiar nuestros estados de ánimo: biológicos, hormonales, personales, sociales… un instante puede definir el hecho de que alguien se convierta en indeseable para otros. Esto no quiere decir que una persona sea tóxica, sino que necesita ayuda (a veces médica o psicológica) y no siempre sabemos cómo brindarla o no somos los indicados para hacerlo.

Teniendo lo anterior en cuenta. Sí, puede ser momento de cortar el contacto con los contactos que están "de malas". Así sea delicioso quejarse, somos nosotros quienes ponen los límites de su influencia en nuestra vida.

Debemos aceptar con madurez cuando nos hemos dejado llevar en vez de culpar a otros. Muy dentro cuando nos acostamos en la cama y miramos al techo con los pensamientos íntimos agolpados en el cerebro, es necesario reconocer nuestra capacidad personal para elegir lo que nos atormenta y lo que no.

3. Las palabras tienen mucho poder, decirle a alguien que nos amarga o jode la vida, que la complica o que es tóxica puede herir gravemente su autoestima. Es poner adjetivos de manera irresponsable en nuestra boca sobre lo que sentimos frente al otro, esto no necesariamente coincide con quien está en frente nuestro. Una cosa es el efecto que alguien genera en nuestra vida y otra su ser.

Puede que alguien que para nosotros parece “tóxico” no sea tan terrible y que un madrazo o un golpe duelan menos que esa palabra tan sencillas. Por otro lado antes de hablar debemos recordar que la  decepción aparece cuando aquello que imaginamos y  que vivimos no concuerda, no todos pueden responder a nuestras expectativas, ni viven en función de nuestros deseos.

finalmente, hay algo que la vida y el amor me han enseñado:  si queremos podemos aprender de todo. No hablemos de personas tóxicas; sino de otros, que están ahí para enseñarnos lo que no deseamos ser. En el fondo del corazón sabemos a quienes debemos dejar ir para que puedan tener oportunidades nuevas y crecer a su propia manera. Todos somos distintos, tenemos historias, dolores y maneras diferentes de constituirnos de esperanzas y vacíos.

La próxima vez que estés pensando en deshacerte de una persona tóxica ten en cuenta que su paso por tu vida también trae enseñanzas. No te deshaces de una persona, sino de una relación que no le aporta mucho a tus expectativas personales. Tómalo como un aprendizaje, quítale la etiqueta de tóxica y reemplázala por la de una persona que ya que ha cumplido su ciclo junto a tí.

miércoles, 12 de julio de 2017

Así es tener casi 30 años y no haber probado una cerveza

Cada vez que me preguntan si tomo en una reunión social digo que no, siempre sigue un interrogatorio que me hace voltear los ojos. Algunos piensan que es por salud, otros por religión y a la mitad le he dicho que me voy a emborrachar el día de mi boda, pero creo que es mentira.

Desde pequeña, como a eso de los  7 u 8 años me impuse un reto personal “ no probar un vaso o un sorbo de alcohol”. No fue porque mi madre hiciera campañas interminables contra el líquido que anima las fiestas de muchos, sino por una convicción personal que vino a través de charlas con mi abuelita, la observación de borrachos panzones y señores orinando en potreros durante los viajes que hacía con mis padres en vacaciones.

Durante la adolescencia me ofrecieron vino, cerveza, champagne y otro montón de bebidas espirituosas. Confieso que he ido a pocas fiestas, en todas he bailado hasta que me duelen los pies; en algunas me miraban mal o me rechazaban por no tomar ni una gota de licor, en otras me hacía la loca e intercambiaba mi “shot” con el de alguien realmente ebrio; para luego sonreir levantando la copa ajena vacía; aun sucede.

En la mayoría de encuentros sociales con licor que involucran más de 5 personas, hay un desconocido cuyo objetivo personal de la noche se convierte en hacerme tomar un vaso de cerveza. Existen quienes me dicen que soy infantil por no tomar, que no hace daño, que no sea tan paranóica o santurrona. Otros guiñan el ojo en plan galante, ruegan que no les desprecie el trago, piden ginebra, un cóctel , una cerveza o un ron para la señorita y se lo terminan tomando solos.

A veces cuando la gente se pone pesada bromeo y digo que soy de una secta secreta de abstemios extremos, no falta quien ha creído que es cierto y me ha preguntado cómo entrar en ese exclusivo grupo.

El día de mis 15 años me tomé una foto con la copa de champagne, fingí dar un sorbo durante la filmación y le pasé la bebida a mi abuelo o mi padre, no lo recuerdo bien, pero en el video no se nota. En mi grado de universidad brindé con jugo de mango y cuando me invitan a bares pido una botella con agua, porque la mayoría de cócteles alternativos que he probado son demasiado dulces o saben terrible (Lo dice una mujer capaz de comerse medio tarro de arequipe sola).

A veces me preguntan si no extraño el trago o ¿Cómo hago para estar bien en una fiesta? la respuesta es simple: no le tengo miedo al ridículo y creo que en verdad no puedo extrañar algo que no he querido o deseado. El alcohol no me causa ni me ha causado curiosidad, en cambio sí me parece interesante mirar los efectos que tiene sobre los demás.

 En las celebraciones me río y hago tonterías como cualquier persona, siempre sobria. Afortunadamente mis amigos han llegado a comprenderlo y me defienden cuando algún gracioso trata de estrellar la botella de cerveza contra mi boca o ponerme licor en el jugo, esto último ha sucedido más veces de las que quisiera. Por eso, siempre huelo mi vaso en las fiestas.

He llegado a entender los olores del alcohol , aunque pocos me creen el del aguardiente quema la garganta; el de la cerveza me hace sentir seca, como si pasara arena. El del Bailey´s es dulce;  trae una sensación parecida a la del ron. Algunos de los olores me agradan, pero no me llaman ni me deleitan, otros por poco me provocan arcadas como el del Whisky.

De momento sigo en mi cruzada personal, dándomelas de ñoña o rebelde, como ustedes quieran llamarlo, aguantando elogios y vituperios por tener casi treinta años y no haber probado el alcohol.

No he tenido mi primer guayabo, o eso creo… solo hay algo que me parece muy peculiar; es que pocos me creen cuando les comento que nunca he tomado un sorbo de cerveza,  me preguntan cosas como ¿Y eres virgen? ¿Acaso estamos tan acostumbrados a que necesitamos un catalizador para entrar en clima de socialización?

Lo único que hoy sé es que esta mi forma de pararme frente a las compañías de bebidas embriagantes y decirles que quiero recordar cada momento, cada locura, que no les voy a dar mi dinero, pues prefiero gastarlo en libros, ropa y cosas que duren. Pero sobre todo es  mi forma de contarle al mundo que cuando bailo salsa o salgo a celebrar el corazón me late a mil, me siento alerta, feliz, viva y aunque muchos piensen lo contrario ¡Lo bailao nadie me lo quita!

lunes, 12 de junio de 2017

No es lo que cree, sino como lo cree

Uno puede ser católico, cristiano, budista, practicar el Islam, ser ateo o creer en el monstruo de espagueti volador, siempre y cuando respete a la persona que tiene al frente.

En los últimos días la vida me ha hecho notar lo difícil que es entender la necesidad de creer del otro. Ha de ser por que las creencias personales son algo frágil y privado que sacude nuestro mundo entero, tal vez por la necesidad de protegernos frente a lo inexplicable.

Por otra parte, nunca he comprendido ese asunto de que la religión y la ciencia van una en contra de la otra. Desde un punto de vista personal, creo que apuntan al mismo lado: ¿De dónde rayos venimos? ¡Cómo nos explicamos que el mundo se está sosteniendo en una cabecita de alfiler en medio de la nada? ¿Para dónde va todo este hervidero de vida y sentimientos que  se nos acumula en forma de latido cada mañana?

La religión y la ciencia intentan simplificar y dar coherencia de maneras muy peculiares a lo que nos rodea; en esa medida, un médico que no pierde la capacidad de asombrarse con el cuerpo humano puede tener fe y practicar una religión (independiente de cual sea), un astrónomo consumado tiene la posibilidad de encontrar esperanza en medio de la nada y la incertidumbre o un párroco puede estudiar física y química pura si le viene en gana.

¡Ah! y los ateos, si no creen en nada divino, al menos tienen la posibilidad  de creer en si mismos, pero eso es otra discusión.

La fe, nace de una necesidad humana de creer, cuando ya no tenemos más fuerza ni confianza en nosotros mismos. Por eso, no es de extrañar que las plegarias con mayor sentimiento nazcan en situaciones difíciles, en terremotos, en velorios, o en medio de la soledad extrema.

Las plegarias, para mí reflejan un sentido profundo de introspección, de aceptar que existen cosas inexplicables, de sentirse pequeño ante un universo que está repleto de maravillas y que apenas comenzamos a entender. la ciencia, en cierto sentido se parece a las plegarias, que nacen de la suposición el asombro y la necesidad de cambiar una situación inicial.

A veces creer en algo, alguien o en nosotros es también una especie paliativo, además uno muy bonito, que nos sirve para reprogramar el cerebro y ponerlo a funcionar cuando todo parece perdido. También nos ayuda a retomar la fuerza cuando sabemos que no hay esperanza, no importa si ya sabemos que todo se va a la….. porra. Así mismo, considero que tener fe en algo es una manera de decir que no nos vamos a acobardar ante nuestro propio encierro mental.

No vengo a evangelizar a nadie. Sinceramente opino que esa capacidad de creer en algo, íntimo y personal, despertarse con un propósito y erigir  un sistema de valores que se transmite de generación en generación como los cuentos y las historias de las abuelitas es maravilloso.

Lo que sí me parece mal, es que no asumamos con responsabilidad  los actos de fé, que los confundamos con fanatismo  o que excusemos las malas acciones o los comportamientos poco humanos en nombre de la religión, pues cada uno de nosotros, tiene la responsabilidad sobre sus actos.  Nuestras manos, pies y músculos se mueven , generalmente por que se lo ordenamos.

Así que culpar a cualquier deidad de nuestra debilidad o nuestra falta de amor por la humanidad es un desperdicio de tiempo, nosotros podemos elegir la religión, podemos elegir nuestras preferencias sociales, inclusive podemos elegir lo que guardamos en nuestro corazón y mente, además de la forma en que lo hacemos.

Por otra parte, conozco personas de diferentes religiones y debo decir que de lo poco que  he visto  hay varias que  invitan al respeto por el otro cancelando algunos discursos maleinterpretables en la época actual (Por que seamos sinceros, hasta la religión tiene que adaptarse al cambio), entonces... se trata de creer en algo para mejorar la  humanidad

Seamos conscientes, el lío no es lo que creemos sino cómo lo creemos.

sábado, 29 de abril de 2017

Así es ir en mototaxi bogotano.

Después de contar 8 taxis llenos y ningún bus en la calle 100 miro a lado y lado, como quien busca que de la nada un ovni me traslade a un lugar de manera urgente. Un tipo vestido con mameluco negro y casco de moto se acerca... me va dando la pálida.

-Monita - Señala el logo del mameluco,  dice conductor designado y alguna cosa de confianza que no recuerdo bien... Lo leo,  miro a lado y lado. - Monita, lleva como media hora parada en la esquina. Soy mototaxista ¿Necesita transporte? - Hasta hace dos minutos no sabía que ese negocio existía en Bogotá. Sigo la búsqueda con ojos de perro hambriento, todos van llenos.

-- Está bien, ¿Cuánto me cobra hasta la 73? le advierto que me dan miedo las motos.
- Tranqui, monita, que si se agarra conmigo va segura.

Me pongo un casco gigante y negro que parece de power ranger, con una viscera que me hace doblar el cuello de forma extraña. Le pregunto donde pongo los pies por que no  puedo verlos, me dice que sobre los topecitos azules... palpo con las suelas de los zapatos lo que puedo y encuentro algo que asumo debe ser ese lugar.

 Agrarro al tipo como un oso perezoso,  pero con toda mi fuerza, el mototaxista intenta respirar para darme el mensaje de que lo aprieto muy fuerte. El animalito motorizado ruge.... RUUUUNN RUUUNNN.... El tráfico está estancado pero salimos entre un par de carros plateados y una camioneta blanca. Miro a lado y lado  ahora sé como se sienten los mensajeros de la surtidora de aves.

Medio minuto después estamos esquivando buses azules, carros rojos, blancos, el tipo va rápido. Me vibran la cola, la entrepierna, las piernas, la panza y otras cuantas vísceras. Entre semáforos es imposible no hacerse consciente de lo contaminado que está el aire en las calles citadinas y lo estrechos que son los espacios entre carros.

Los escritores deben salir de su zona de comfort... los escritores deben salir de su zona de confort, me repito mentalmente. Le digo al mototaxista que no hay tanto afán, aunque es mentira. Él vuelve a respirar, fuerte para que note que lo estoy asfixiando y le baja un poco a la velocidad. 

-¿Preciosa y por que le tienes miedo  a las motos? -  prefiero no contarle que ví como aplastaban a un mototaxista  cual cucaracha contra un camión de acarreos y opto por mi otra versión light. 

-- Es que cuando tenía como 12 años en un paseo a SantaMarta me monté en una y me quemé con el exhosto, menos mal mi madre no se dió cuenta.

-Huyyy, eso sí que duele como un pu-as, entonces ¿Nunca aprendió a manejar moto?

Dos conductores pitan y  se lanzan hijuepuntazos. 

-- no--

El mototaxista ríe.

Me relajo un poco, me siento como Amelie de Montmairtre, con un casco más feo, y sin Nino Quicampoix  de piloto. Mi cabello ondea en el viento; que bonita es Bogotá. ¡Mier.... un hueco! frenamos en seco,  saltamos, creo que se me reacomodaron los riñones. 

- Tranquila preciosa... que ya casi llegamos... el tipo hace una U entre todos los carros que no se mueven,  me habla de la aplicación de transporte para la que trabaja, me pasa su celular me dice que si quiere le cacharree. No lo recibo y lo agarro más fuerte, él toma aire; sube la calle a toda, gira a la derecha, llegamos a la séptima con 73.

Me bajo de la moto, me quito el casco y quedo con el pelo como las plumas del pájaro loco, le paso el billete, me dice que le faltan 200 para las vueltas, le digo que se quede con el billete.

Apenas pongo los pies en el suelo y comienzo a caminar noto que tengo las manos muy sucias, y el olor del polvo en la nariz, pero la bolsa sigue intacta, todavía me vibran las nalgas y las piernas.

Me repito  de nuevo: los escritores deben salir de su zona de confort, los escritores deben salir de su zona de confort.



jueves, 27 de abril de 2017

Feministas, feminazis y femitontas.

Desde pequeña me educaron para ser una “buena mujer”, crecí en colegio de monjas, estudié en universidad de curas y trabajé un par de veces con niños... Me enseñaron un montón de estereotipos y los aprendí, no para encarnarlos en mi ser, sino para observarlos.

Me enseñaron, que tenía que ser mesurada, verme bonita, cuidar mi lenguaje, tener cuidado con las malas personas. Me dijeron como patinar, lavar loza, usar tacones, cuestionar la ciencia y la religión, ponerme una toalla higiénica, trenzarme el pelo, pintarme las uñas, orientarme viendo Monserrate, dar una patada, calcular la capacidad pulmonar de una persona mediante ecuaciones, medir el pulso y porque no… cómo escribir (De todo eso, me quedé con lo último, a medias) .

Nunca me dijeron que no escribiera de sexo, ni de política, ni de religión, esos vetos me los puse yo sola, cuando noté que cada vez que se me resbalaba una opinión frente a estos temas era catalogada como feminista, feminazi, o femitonta… porque ¡Claro, las puchecas, que tengo muy bien puestas gracias a mi madre!  me dan un femi prefijo... El sufijo tiende a depender de mi interlocutor.

Tampoco me dijeron que en carreras como la mía ( periodista) a veces lo que se dice es la mitad de lo que se calla, ni que una mujer inteligente a veces sonríe y se hace la pelota eso lo aprendí a punta de metidas de pata.

Hace menos de un mes un hombre con educación universitaria me dijo que nosotras estábamos hechas anatómicamente para la cocina. Le pregunté si las dos bolas de grasa que ostentaba en el pecho me hacían agarrar mejor el trapero, tragó saliva y me dijo: a ver… me explico mejor, nosotros estamos hechos para cazar, ustedes para cuidar. 

No lo culpo, muchos de los hombres que conozco crecieron con esa idea, no les dijeron que también nacieron para cuidar, no solo a sus mujeres sino a la humanidad entera, a otros les enseñaron  que ser machos es resolver las cosas a puños para romperse el cuerpo y no el alma como nos pasa a nosotras. Esos últimos son los que muchas veces me han llamado feminista, feminazi y femitonta. (Perdonen por generalizar, pero sí, que viva la subjetividad)

Feminista porque hubo un tiempo a eso de los 19 en que no usé brassier y un par de amigos creyeron que era una protesta contra el orden patriarcal, y sí ,era una posición personal, pero no contra los hombres ni el orden social, sino a favor de la comodidad y la belleza libre.

Feminazi, por que contrario a lo que muchos piensan odio lavar platos y recoger desorden, en especial si es de alguien que no es capaz de decirme gracias. Femintonta “ por no aprovechar los papayazos” cuando un tipo me quiere invitar hasta el cielo y más allá  y me quedo  con mi novio eterno o cuando digo que a veces la idea la guerra me aterra.

Me enseñaron, que tenía que ser mesurada, pero no suelo serlo con mis opiniones; verme bonita , aunque me siento divina despeinada. Cuidar mi lenguaje y lo acaricio cada vez que puedo, hasta que me pego en la punta del dedito y lanzo un sonoro hijuepuntazo…

y  aunque no me declaro feminista, ni machista, ni ninguna de esas vainas... solo puedo decir una cosa.

Lo mejor de todo lo que me enseñaron fue, que al momento de ponerme en los zapatos del otro, el género y el sexo no importan tanto como parece, todos debemos tener cuidado con las malas personas: Los extremistas que maltratan a los demás por opinar diferente, que juzgan por las rarezas, capaces de  encarcelar a otros o a sí mismos en un cliché, que creen en la existencia de personas netamente feminazis o femitontas.

jueves, 9 de febrero de 2017

Decálogo para ahuyentar a un amante de las letras


Si usted sale con una persona que ama escribir o leer considere seriamente esta lista con algunos de los comportamientos susceptibles de provocar que un escritor salga despavorido de su lado:

1) Hable en tono filosófico de todo, recite una lista de los mil libros que ha leído y desprecie cualquier curiosidad intelectual en terrenos diferentes a las ciencias sociales o el lenguaje.

2) Si puede utilice un estilo meditabundo y ensimismado en sus conversaciones; como si fuera una persona que no tiene ningún interés terrenal, profundamente decepcionada de todo y todos. Despotrique sin piedad sobre gente relevante en el ámbito político religioso y económico durante la primera cita.


3) Llévelo/a solamente a tomar trago y bares medio hippies… olvídese del cine, el deporte y todo lo que no implique un aire de intelectualismo barato y rebelde. Recuerde que por ser escritores somos un cliché viviente: Bohemios, amantes del vino, rumbero, nos alimentamos de sexo, poesía de la vida y una que otra bocanada de aire.  Porque eso sí ¡A los escritores nunca nos da hambre y menos ganas de perro caliente!

4) Dígale al susodicho/a que escribir es solo un pasatiempo, que no hay necesidad de estudiar, que su oficio no tiene ninguna relevancia social y que cualquiera puede hacerlo bien.

5) Recurra a Táctica y estrategia de Benedetti, el Poema 20 de Neruda o el Nocturno  de José asunción Silva como método de conquista.  Si puede leerlo con aire lastimero, torciendo los ojos como si se le fuera la vida mejor.

6) Hágale cartas en las que utilice angliscismos y frases de cajón para cualquier cosa que se pueda decir fácilmente en español: Eres full cute, no cambies never XOXO, son las mejores líneas para lograr que un escritor se evapore.

7) Coméntele que no va a leer el libro que le recomendó porque ya vio la película o que no va a ver la película porque ya se leyó el libro.

8) Responda los chats únicamente con monosílabos, Ja ja ja, emoticones y gifs.

9) Termine todas las conjugaciones del pasado en segunda persona singular con ES: dijistes, hicistes, trajistes, dejastes, recuerde que a los escritores les fascinan los ejemplos vivos de la flexibilidad de la lengua y usted tiene muy bien ejercitado ese músculo.

10) Cuando le pida que le escriba algo bonito copie y pegue mensajes cortos de cadenas de internet o dígale que encontró la meca de la poesía auditiva y póngale una canción de Arjona.

sábado, 28 de enero de 2017

Cinco cosas pequeñas para iniciar nuestro día con la mejor energía del mundo

1) Saludar  de manera cortés.

Un buenos días y una sonrisa sincera pueden alegrarle la mañana a cualquiera.

2) Darle un abrazo a nuestra familia o compañeros antes de salir de casa.

La vida es   muy corta para andar ahorrando abrazos o para  dejar de decirle a las personas al rededor cuánto las queremos. Además los abrazos nos ayudan a generar liberación de oxitocina, una hormona relacionada con el manejo de la presión sanguínea en casos de estrés. ( ver artículo, en inglés)

3) Decir por favor y gracias.

Suena algo básico y obvio pero no lo es, existen muchas personas que van por la vida pidiendo las cosas como si los demás tuvieran que cumplir sus órdenes. Al decir por favor y gracias le estamos diciendo a la otra persona que apreciamos su ayuda y valoramos su opinión, se trata de dos palabras muy cotidianas que no solemos tomar en serio.

4) Cantar, silbar o escuchar música mientras estamos en plena ducha. 

No importa si tienes voz de sirena o aullas como un Huskee, la gracia es sacar la estrella de rock que llevamos dentro, al fin y al cabo nadie nos está mirando, no solo hay que limpiar el cuerpo, también la mente y cualquiera de estas tres actividades son muy relajantes.

5) Comer algo pequeño con otra persona.

Puede ser un bocado que traigas de casa, un café, una galleta o cualquier cosa que puedas compartir. Al comer junto a alguien estás cuidando de esa persona y de ti mismo. Comer con compañía suele ser muy agradable y permite entablar conversaciones cortas que no van a ocurrir en plan de trabajo o estudio.

jueves, 26 de enero de 2017

Tres pasos para enfrentar la tristeza

Este post lo hago con mucho cariño por que en esta semana he hablado con varias personas que me dicen que se sienten tristes, sin embargo, advierto que no soy psicóloga ni psiquiatra, estoy aprendiendo a vivir como todos los seres humanos.

Para todas ellos decidí compartir estos pasos simples que me  han ayudado a mejorar mi estado de ánimo cuando parece que los ojos se quieren convertir en la orilla del mar.

1) Preguntar como un loco y buscar respuestas en el interior, no en los demás.

para entender y asimilar la propia tristeza es necesario reconocerla, aceptarla y buscar entenderla, así podremos usar esos bajonazos emocionales de la manera adecuada para transformarlos en algo sanador, como arte, por ejemplo.


2) Hablar con la tristeza:

Suena loco, pero cada tristeza sentimos es una alerta del cuerpo, la mente y si se quiere comprender de otra manera también del alma. Las lágrimas o el mal llamado nudo en la garganta siempre tienen algo que decirnos; a veces se trata de carencias, excesos mal encaminados,  inclusive puede ser nuestro cuerpo avisándonos que necesita más atención.

Hay que escuchar a nuestra tristeza y entender de donde viene para saber hacia dónde debemos ir para buscar respuestas; se puede preguntar: ¡Oye tristeza! ¿Qué mensaje o enseñanza tienes para mí?

Hay que hacerle a la tristeza 5 preguntas:

¿Qué es eso que siento? (A veces confundimos muchos sentimientos como la melancolía, la nostalgia, el aburrimiento e inclusive la rabia)

¿Por qué estoy triste?: aquí no se vale echarle la culpa al otro, inclusive en los duelos la tristeza está ligada con nuestra manera de asimilar cada momento, hay tristezas que sí valen la pena y otras que no, es necesario sentarse a pensar si la situación en que estamos realmente merece que gastemos nuestra tristeza en ella y nuestra energía en ella.

Si no es así, es necesario que nos preguntemos ¿Por qué permito que esto me ponga triste? lo mejor que podemos hacer es buscar soluciones y alternativas en vez de culpables.

¿Dónde siento la tristeza?
Hay que saber diferenciar esas partes del cuerpo o del ambiente en donde se siente la tristeza. no todos la vivimos igual.

Hay personas que somatizan con gastritis por que se tragan el dolor, otras comen en exceso para llenar vacío o acumulan cosas. Algunos sienten un gran peso en la espalda por que sienten que cargan con más de lo que pueden, otros pierden la noción de lo que los rodea... En fin.si podemos identificar nuestra tristeza en un lugar físico tenemos más pistas para vencerla y no caer en comportamientos nocivos afectando lugares determinados de nuestro cuerpo o poniéndola en objetos.

¿Cómo puedo remediar mi tristeza?:

No se trata de soluciones mágicas, sino de tomar acciones personales así sean pequeñas: sonreír frente a un espejo,  arreglarnos con ropa que casi nunca usemos, dar una caminata por un parque, escribir, dibujar, hacer ejercicio,  buscar un café que no conozcamos, charlar con alguien, el caso es no quedarnos quietos y transformar esa sensación. Por ejemplo: si sientes que los ojos te duelen puedes hacerte un masaje o lavarte la cara con agua. Si sientes que el pecho se te cierrapuedes recostarte en algún lugar cómodo y respirar profundo.

Si es una tristeza de las que no te dejan mover (que existen) ducharse, meditar y dormir un rato es una buena opción.


3) Recordar que es normal sentirse triste alguna vez en la vida (No todas).

Entender que los momentos difíciles son algo pasajero pasajero, y forman parte de un encuentro muy personal que está allí para enseñarnos. A veces puede que en el futuro hasta te rías de lo que piensas mientras estás triste.

Si nada funciona: crea una lista de mùsica feliz para emergencias: deben ser canciones que tengan mensajes alegres, si quieres añadirle algo màs compra chocolate, fruta o cualquier cosa que relaciones con un instante muy alegre en tu niñez o en tu vida y respira un poco, recuerda que la solución depende de tí.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Como deja la mesa y el plato, tiene el corazón

Ir a plazoletas de comida en centros comerciales es un espectáculo; la gente corre afanada formando filas como de hormigas que cargan sus propias moronas, se liberan competencias visuales entre personas de todas las edades y caminatas cuasi olímpicas solo para ocupar un puesto. Lo más inquietante sucede cuando la comida se ha terminado, el estómago está satisfecho y las personas pueden pensar con claridad. Es en este momento del abandono de la mesa donde se pueden encontrar tres tipos de individuos:

1) Los que dejan absolutamente todo desordenado, con un reguero terrible y argumentan que no recogen ni organizan nada pues “por eso les pagan"  a las personas que tienen que recoger los sobrantes (muchas veces revueltos, con babas y manoseados) inclusive ponen la servilleta arrugada encima para terminar de decorar.

2) Las personas que no botan nada a la caneca, pero tratan de organizar lo mejor que pueden la bandeja el plato y los cubiertos, eso sí, los ponen en cruz o en paralelo para demostrar su opinión frente a la comida. Tampoco botan su propia basura por que les da asco.

3) Los que recogen lo que pueden, botan los sobrantes a la caneca y procuran dejar limpio el sitio donde comieron, sabiendo que otra persona espera para sentarse en este mismo puesto.

Siempre he pensado, que como uno deja la mesa y el plato tiene el corazón.

Las personas tipo uno, seguramente no se fijan en lo duro que trabajan quienes limpian y organizan las plazoletas de comida (muchas veces por un salario mínimo), no se detienen a mirar la resignación con la que algunos empleados empujan el carrito  con desperdicios y bandejas o la cantidad de tiempo que deben aguantar recogiendo y oliendo residuos ajenos.

Las personas número dos, suelen ser sujetos pudorosos, que, si tienen asco de sus propios deshechos y de tocar las canecas, pero no imaginan el nivel de necesidad que debe tener alguien para desempeñar este trabajo.

La gente tipo número tres puede ser de otros tres subtipos:
Los que tienen un pequeño trastorno obsesivo con la limpieza. Aquellos que levantan sus residuos alimenticios de manera aprendida, mecánica o aquellos que sienten algo de compasión por el que limpia las plazoletas.

Sea cual sea el caso, los invito a ser del tipo tres, no es un trabajo fácil para los empleados, si ayudáramos un poco a estas personas agilizaríamos el cambio de mesa, evitaríamos un montón de desorden y podríamos ahorrar tiempo  y disgustos tanto para nosotros, como para ellos.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Leonard Cohen y la divina melancolía

Una vez un profesor me dijo una frase que pagó la mitad de mi carrera:  “Todos tenemos una grieta, así es como la luz puede entrar” en ese momento no sabía que se trataba de un fragmento de  “Anthem” por Leonard Cohen.

Hay canciones suaves que se cantan desde la base de los pulmones, desde las grietas más íntimas, aplastando cada mililitro de aire hasta no poder sacar más, sin necesidad de gritar, como si todo el impulso se decantara sólo en una palabra, una suavecita, en este caso: un Aleluya.

Debo admitir que no conocí a Cohen como debería, aunque tuve padres nacidos en los sesentas y el único recuerdo de su música es precisamente un aleluya roto, como dice la canción; por algún motivo la tarareaba en la ducha, en especial cuando me sentía descorazonada.

Luego volví a escuchar la canción en Shrek y pensé que no encajaba ni un poquito con la película, pero hizo que muchas personas jóvenes conocieran esta tonada.

Es inevitable sentir una melancolía abrumadora en cada canción de Cohen, que los párpados se hagan ligeramente pesados, notar la voz que camina como una tortuguita tratando de llegar hacia las olas.
Es difícil no sentirse arrullado o rendirse cuando se escuchan canciones como Take this Waltz y más cuando se trata de uno de los últimos videos; el señor se mueve en cámara lenta, pero la pasión por la música parece escaparse de los poros.  

De pronto, por vivir con las grietas expuestas, con la luz escapándose es que este hombre pudo  ser músico hasta el final, no haré cuestionamientos biográficos, porque para ser sincera no tengo  ni idea de cómo fue su paso por este mundo, apenas pude leer una artículo acerca de un concierto en el que salió del escenario porque ceyó que defraudaba a las personas si no sentía las canciones con todo su ser y quería devolverles el dinero.

Me cuestiono un poco, ¿acaso la humanidad sería más sensible si fuéramos capaces de dejar entrar la luz, exponer las heridas y sentir esta canción maravillosa que es la vida? Si tuviéramos la integridad suficiente para devolver la recompensa de nuestro trabajo cuando no lo hacemos de corazón.

A Cohen, le deseo un buen retorno a la tierra, al cielo o donde sea,  a ustedes  que disfruten de la divina melancolía, de la música diaria, que dejen entrar la luz por las ranuras.

Este post es parte de mi colaboración con el blog : sinombligo project.


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jueves, 10 de noviembre de 2016

Internet + rabia contenida = muchos clicks

El velo del anonimato cubre todo tipo de odios: políticos,artísticos, de raza, sexo, credo, religión, comida…. Odios al fin y al cabo que a la larga son pataletas de niño malcriado.  A los internautas nos encanta desfogarnos y ser polares, odiar o amar de manera desaforada.

Si nos ponemos a examinar cuidadosamente los comentarios en foros y páginas de noticias abundan las personas que incitan a la violencia directa o indirecta, que llaman a un desconocido (reemplace este espacio con el madrazo que más le guste) que se juran cultos o tolerantes y de mente abierta en su cruzada por insultar a otros.

Y es que la rabia contenida en las redes genera clicks ¡hasta dinero! levantar un tierrero o tirar la piedra y salir corriendo parece ser un elemento unificador de la fama en internet. Esto sucede por que estar favor o en contra nos hace sentir que somos parte de una comunidad, que no estamos tan solos. 

La parcialización en las opiniones políticas, religiosas y nacionalistas por ejemplo, pueden llevar a manifestaciones realmente graves, en la vida real y en todos los ámbitos de la cotidianidad. Suceden cosas ilógicas. Hay gente que se mata por un pedazo de tierra, debido a que durante años ha configurado un odio visceral o una idolatría en la mayoría de las instituciones como el estado o la iglesia.

Deseamos algo que adorar, necesitamos dioses y antagonismos.

Recordemos que no somos más de mente abierta o más tolerantes por llamar al otro triple catre hijue$%&& ni al mentarle la tatarabuela al del lado, no podemos pontificar sobre igualdad, derechos o educación si no nos revisamos antes a nosotros mismos. Las palabras en la web también hablan de nuestros actos, rituales y secretos, la mayoría de veces desde nuestros juicios, que si bien son respetables son solo eso, juicios.

viernes, 7 de octubre de 2016

Remendar el país del sangrado corazón

Después de esta semana tan loca para Colombia siento necesario pronunciarme, es interesante ver como pasamos del anhelo de paz, a la desesperanza, de la desesperanza a la incertidumbre, luego a la euforia, a la resignación y regresamos a la esperanza. Nuestro país es tan voluble como una mujer en “esos días”.
Nos debatimos eternamente entre tener el corazón sangrado y jurarnos el país del sagrado corazón, somos un país dividido que necesita mesías, necesita milagros para creer estamos tan apaleados que nos cuesta entender que todos buscamos lo mismo, aun cuando se nos hincha el pecho de amor y alegría. Otras veces, que deberían ser menos, callamos por miedo, un miedo estúpido a soñar que no nos ha aportado nada.
Durante esta semana he visto el poder de la ilusión y el de la tristeza, los dos igualmente arrolladores, ambos movilizantes, motores sociales que me hacían sentir miedo de una segunda ola de violencia partidista. 
Los del sí destrozados, los del no confundidos, ambos bandos con la misma necesidad: un país nuevo, en el que el cual el dolor no sea el pan de cada día. En cambio, encontraba una lucha política por apoyar a tal o cual candidato, como si se tratara de las elecciones y no de un futuro inmediato que nos concierne, nos persigue y parece engullir el presente mediante la incertidumbre.
Lo único que quiero decir es esto: sí podemos llegar a convivir tranquilamente, solo es cuestión de respetar al otro de mirarlo como humano de entender que tiene una historia, un dolor y una posición personal que lo aleja de mí y hace posible enriquecer la sociedad.

La libertad personal es un derecho , pero entender la libertad de otro debería ser un deber, eso es algo que no hemos logrado asimilar adecuadamente, entender la diferencia, pedir perdón, perdonar, abrazar al que no entiendo.
Creo con el corazón que este país no está solo en manos de los jóvenes, sino de todos. Si usted tiene la posibilidad de generar un cambio en pro de la educación, de la salud, del diálogo respetuoso hágalo, independientemente de su voto o su filiación política. Si usted tiene la posibilidad de hacer un mejor país, acoger a alguien bajo su sombrilla , ceder un puesto en el bus, sonreír y decir hola en la calle, no se cohíba, porque este no tiene que seguir siendo el país de la papaya puesta y partida, el del más vivo o el que se cola.
En la posibilidad de actuar desde lo mínimo se construye una mejor Colombia, este país tiene muchas posibilidades, miles en cada persona, reconstruyámoslo, todos juntos, que no sea solo el Gobierno, que no sea solo el otro, remendémonos el alma, respiremos un poquito y apuntemos a mejorarlo todo a remendar el sangrado corazón poniendo un poquito del nuestro.
Este post también forma parte de mi colaboración con sinombligo project

domingo, 25 de septiembre de 2016

Tres cosas que aprendí esta semana

1) Dejar el miedo o la pereza a iniciar.

¿Les ha pasado que quieren comenzar un proyecto y lo aplazan y lo aplazan y lo aplazan? Bueno a mí sí, estaba convencidísima de que nadie me iba a seguir la cuerda en las cosas que sueño, pero resulta que hay muchas personas que piensan lo mismo, que luchan por ello y que se unirían a tu causa, solo se trata de ser consecuentes y seguir perseverando.

2) Entender que la belleza es subjetiva y la mayoría de personas tiene gustos diferentes.

Es genial que no todos veamos a las personas de la misma manera, existen cientos de cánones, muchos cálculos de proporción y una inconstante búsqueda por alcanzar parámetros que no van a permanecer iguales todo el tiempo. La belleza es una aspiración para las mujeres y una fuente de inspiración para medio planeta, por eso no siento que sea lógico enmarcarla de manera estricta, la belleza está en todo y en todos, siempre de formas diferentes, debemos aprender a aceptarlo en vez de quemarnos las pestañas tratando de encajar.

3) Necesitamos algo en lo que creer.

Aquí más de uno va a abrir los ojotes, pero he llegado a esa conclusión. Esta semana ha sido un proceso constante de reconocimiento y cambio por y para mí, he llegado a pensar que necesitamos algo de qué sostenernos cuando no nos sentimos suficientes o cuando estamos repletos de alegría. Siento, que la necesidad humana de creer es hermosa, porque nos ayuda a sacar fuerzas en momentos insospechados. Hay gente que cree en Dios, en la ciencia, en sí mismos o en agüeros.
El plus del asunto está en enfocar las creencias hacia un norte que beneficie a la humanidad y en respetar a los demás.

Bono: cada día se aprende algo, solo hay que estar atentos.

jueves, 11 de agosto de 2016

Hablar de amor con amor


En el 2014 hacía mi tesis sobre el acoso escolar en Colombia, hablé con muchos niños, a la larga no escribí el nombre de ninguno pero hubo 3 charlas que se me quedaron en la memoria.

Él tenía 11 años, estaba en cuarto grado, se acercó corriendo después de la charla y me tocó la espalda.

- Profe, es que yo quería hablarle ¿puedo?

Nos sentamos durante el recreo en un rincón de la cancha, él me contó que había intentado "botarse desde el salón del cuarto piso en su colegio porque siempre estaba triste", pero la profesora de español lo había detenido. Me contó también que no entendía por que lo odiaban, ni la manera en que lo gritaban por no hablar casi, por ser más sensible que sus compañeritos y por otras cosas.

- ¿Y qué te dicen, si quieres contarme?
- Me dicen que soy…Que soy… Es que es una grosería…

Los ojos oscuros retenían las lágrimas, se estaba poniendo rojo, apretando los párpados, miré el saco azul y el pantalón gris para que no se diera cuenta de que ya lo había notado. Le dije que hablara con confianza, que no le iba a contar nada a nadie.

- Me dicen que soy …- (Se acercó y me susurró en la oreja) - me dicen que soy gay.- entonces sentí la lágrima que me empapó a mí también la mejilla.

- y eso que tiene de malo, ¿Eres gay?
- No sé…

Él me contaba que los niños del salón jugaban a golpearse en “un juego que se llamaba azorar” que le pegaban “muy duro” y lo gritaban por que no daba puños iguales de fuertes, por que siempre estaba al fondo con el mejor amigo, que lo miraba y le hacía señas de que fuera a a pasar el recreo a su lado.

Esa vez solo pude decirle que él tenía derecho de decidir a quien querer, que solo él podía saber como hacerlo sin importar si se trataba de hombres o mujeres. Que no se preocupara y que gay no era una grosería.

Me abrazó, me dejó empapada de mocos y lágrimas, pero me dijo “gracias profe”  y aunque no soy profesora, eso no se me va a olvidar.

La grosería para mí, era darme cuenta que esas cosas aún ocurren en los colegios (esta era una institución oficial no católica), que utilicemos excusas como la Biblia (donde dicen que debemos amarnos unos a otros) para fomentar rechazo social, pero sobre todo  lo más insultante para mí fue notar que una de las cosas que nos queda más difícil en el país del sagrado corazón es hablar del amor con todo el amor que podemos tener en nuestra alma.

lunes, 18 de julio de 2016

Quejas de un amigo heterosexual

“ Es que cuando uno se porta todo bonito ustedes le salen a uno con un chorro de babas”

Hace poco hablaba con un amigo, me contaba que estaba harto de ser de malas con las mujeres. Desde el punto de vista femenino y de las pocas veces que lo he escuchado estar de malas con las chicas significa  3 cosas:

1) La que de verdad le gusta nunca le pone atención.
2) La que está intensa y lo idolatra es esa de la que se escondería en una alcantarilla.
3) Esa que lo enciende de pies a … cabecita, no le quiere dar cama.

Pero ayer el asunto era otro, lo habían dejado tan plantado como cactus de oficina en sábado por la tarde.

La charla fue más o menos así:

Él:   Ayer ella me dijo que no podía venir temprano, luego por la tarde  me salió con una excusa  de que a (su nombre será pepito por pura educación)  le dió un patatuz  y por la noche en el estado de Facebook preguntaba si alguien quería ir a ( Inserte nombre de discoteca electrónica famosa). ¡Tiene mucho ....! Yo todo bonito, esperándola. ¡Es que cuando uno se porta todo bonito ustedes le salen a uno con un chorro de babas! 

Mentalmente iba pensando y ¡Dale de nuevo que por pecadoras pagan justas!

Es que no lo vemos, pero los hombres tienden a sufrir en silencio, cuando se desmoronan se tragan el nudo en la garganta y se toman una cerveza para que las lágrimas no salgan sino entren y uno se los encuentra llamando borrachos a media noche y cantando Alex Ubago, Santiago cruz, o cualquier cosa cortavenas. 

Yo:eso debe ser karma, seguro le hiciste mucho daño a tu primera novia y por eso el universo lo está cobrando...

Don malquerido solo pudo mirarme y torcer los ojos.

La verdad me divertía, pero me dejó pensando. Tengo varios amigos que me han dado la misma queja “ es que cuando uno es bonito con las mujeres , ustedes son una mier**” lo más triste no es eso, sino que he escuchado a varias amigas decir la contraparte de la queja masculina “ay.... es que no sé porque siempre me meto con unos tipos que son una mier**”

¿Será que la vida tiene un sentido del humor muy cruel y le da pan al que no tiene dientes o la gente simplemente no es capaz de ver más allá de lo obvio y darle una oportunidad al que no está tan  guapo/a pero que sí los ama?

Quisiera escuchar quejas de hombres, no porque desee que los hagan sufrir, sino porque es bueno saber que de vez en cuando ellos también se arreglan, se afeitan, se ponen el perfumito y algo les duele cuando los dejan como cactus de oficina.

Me encantaría averiguar cuales son las quejas amorosas de los hombres para comprobar que ellos también tienen derecho a sentirse frágiles cuando les pisotean el ego, para entender las cosas que les lastiman como a nosotras. Quiero oír las quejas de los hombres porque ellos tienden a sufrir en silencio y escuchar todo tipo de insultos idiotas como el clásico “ ay no sea tan niña” que me hace a mí torcer los ojos.

Chicas, no sean bobas y aprovechen  esos que son  "todos bonitos, pero quieren como hermanos” no es que sean Gu***vones , ni marranos, son hombres  hechos y derechos que entienden el valor de una mujer, ese que aveces nisiquiera nosotras comprendemos por que estamos abarrotadas de convenciones estúpidas trazadas en el cuerpo.

A veces necesitamos una sacudida por que nos cuesta mucho entender esos actos pequeños de amor que salen desde los poros. ¡Es que para amar también se necesita cerebro!