domingo, 25 de septiembre de 2016

Tres cosas que aprendí esta semana

1) Dejar el miedo o la pereza a iniciar.

¿Les ha pasado que quieren comenzar un proyecto y lo aplazan y lo aplazan y lo aplazan? Bueno a mí sí, estaba convencidísima de que nadie me iba a seguir la cuerda en las cosas que sueño, pero resulta que hay muchas personas que piensan lo mismo, que luchan por ello y que se unirían a tu causa, solo se trata de ser consecuentes y seguir perseverando.

2) Entender que la belleza es subjetiva y la mayoría de personas tiene gustos diferentes.

Es genial que no todos veamos a las personas de la misma manera, existen cientos de cánones, muchos cálculos de proporción y una inconstante búsqueda por alcanzar parámetros que no van a permanecer iguales todo el tiempo. La belleza es una aspiración para las mujeres y una fuente de inspiración para medio planeta, por eso no siento que sea lógico enmarcarla de manera estricta, la belleza está en todo y en todos, siempre de formas diferentes, debemos aprender a aceptarlo en vez de quemarnos las pestañas tratando de encajar.

3) Necesitamos algo en lo que creer.

Aquí más de uno va a abrir los ojotes, pero he llegado a esa conclusión. Esta semana ha sido un proceso constante de reconocimiento y cambio por y para mí, he llegado a pensar que necesitamos algo de qué sostenernos cuando no nos sentimos suficientes o cuando estamos repletos de alegría. Siento, que la necesidad humana de creer es hermosa, porque nos ayuda a sacar fuerzas en momentos insospechados. Hay gente que cree en Dios, en la ciencia, en sí mismos o en agüeros.
El plus del asunto está en enfocar las creencias hacia un norte que beneficie a la humanidad y en respetar a los demás.

Bono: cada día se aprende algo, solo hay que estar atentos.

jueves, 11 de agosto de 2016

Hablar de amor con amor


En el 2014 hacía mi tesis sobre el acoso escolar en Colombia, hablé con muchos niños, a la larga no escribí el nombre de ninguno pero hubo 3 charlas que se me quedaron en la memoria.

Él tenía 11 años, estaba en cuarto grado, se acercó corriendo después de la charla y me tocó la espalda.

- Profe, es que yo quería hablarle ¿puedo?

Nos sentamos durante el recreo en un rincón de la cancha, él me contó que había intentado "botarse desde el salón del cuarto piso en su colegio porque siempre estaba triste", pero la profesora de español lo había detenido. Me contó también que no entendía por que lo odiaban, ni la manera en que lo gritaban por no hablar casi, por ser más sensible que sus compañeritos y por otras cosas.

- ¿Y qué te dicen, si quieres contarme?
- Me dicen que soy…Que soy… Es que es una grosería…

Los ojos oscuros retenían las lágrimas, se estaba poniendo rojo, apretando los párpados, miré el saco azul y el pantalón gris para que no se diera cuenta de que ya lo había notado. Le dije que hablara con confianza, que no le iba a contar nada a nadie.

- Me dicen que soy …- (Se acercó y me susurró en la oreja) - me dicen que soy gay.- entonces sentí la lágrima que me empapó a mí también la mejilla.

- y eso que tiene de malo, ¿Eres gay?
- No sé…

Él me contaba que los niños del salón jugaban a golpearse en “un juego que se llamaba azorar” que le pegaban “muy duro” y lo gritaban por que no daba puños iguales de fuertes, por que siempre estaba al fondo con el mejor amigo, que lo miraba y le hacía señas de que fuera a a pasar el recreo a su lado.

Esa vez solo pude decirle que él tenía derecho de decidir a quien querer, que solo él podía saber como hacerlo sin importar si se trataba de hombres o mujeres. Que no se preocupara y que gay no era una grosería.

Me abrazó, me dejó empapada de mocos y lágrimas, pero me dijo “gracias profe”  y aunque no soy profesora, eso no se me va a olvidar.

La grosería para mí, era darme cuenta que esas cosas aún ocurren en los colegios (esta era una institución oficial no católica), que utilicemos excusas como la Biblia (donde dicen que debemos amarnos unos a otros) para fomentar rechazo social, pero sobre todo  lo más insultante para mí fue notar que una de las cosas que nos queda más difícil en el país del sagrado corazón es hablar del amor con todo el amor que podemos tener en nuestra alma.

lunes, 18 de julio de 2016

Quejas de un amigo heterosexual

“ Es que cuando uno se porta todo bonito ustedes le salen a uno con un chorro de babas”

Hace poco hablaba con un amigo, me contaba que estaba harto de ser de malas con las mujeres. Desde el punto de vista femenino y de las pocas veces que lo he escuchado estar de malas con las chicas significa  3 cosas:

1) La que de verdad le gusta nunca le pone atención.
2) La que está intensa y lo idolatra es esa de la que se escondería en una alcantarilla.
3) Esa que lo enciende de pies a … cabecita, no le quiere dar cama.

Pero ayer el asunto era otro, lo habían dejado tan plantado como cactus de oficina en sábado por la tarde.

La charla fue más o menos así:

Él:   Ayer ella me dijo que no podía venir temprano, luego por la tarde  me salió con una excusa  de que a (su nombre será pepito por pura educación)  le dió un patatuz  y por la noche en el estado de Facebook preguntaba si alguien quería ir a ( Inserte nombre de discoteca electrónica famosa). ¡Tiene mucho ....! Yo todo bonito, esperándola. ¡Es que cuando uno se porta todo bonito ustedes le salen a uno con un chorro de babas! 

Mentalmente iba pensando y ¡Dale de nuevo que por pecadoras pagan justas!

Es que no lo vemos, pero los hombres tienden a sufrir en silencio, cuando se desmoronan se tragan el nudo en la garganta y se toman una cerveza para que las lágrimas no salgan sino entren y uno se los encuentra llamando borrachos a media noche y cantando Alex Ubago, Santiago cruz, o cualquier cosa cortavenas. 

Yo:eso debe ser karma, seguro le hiciste mucho daño a tu primera novia y por eso el universo lo está cobrando...

Don malquerido solo pudo mirarme y torcer los ojos.

La verdad me divertía, pero me dejó pensando. Tengo varios amigos que me han dado la misma queja “ es que cuando uno es bonito con las mujeres , ustedes son una mier**” lo más triste no es eso, sino que he escuchado a varias amigas decir la contraparte de la queja masculina “ay.... es que no sé porque siempre me meto con unos tipos que son una mier**”

¿Será que la vida tiene un sentido del humor muy cruel y le da pan al que no tiene dientes o la gente simplemente no es capaz de ver más allá de lo obvio y darle una oportunidad al que no está tan  guapo/a pero que sí los ama?

Quisiera escuchar quejas de hombres, no porque desee que los hagan sufrir, sino porque es bueno saber que de vez en cuando ellos también se arreglan, se afeitan, se ponen el perfumito y algo les duele cuando los dejan como cactus de oficina.

Me encantaría averiguar cuales son las quejas amorosas de los hombres para comprobar que ellos también tienen derecho a sentirse frágiles cuando les pisotean el ego, para entender las cosas que les lastiman como a nosotras. Quiero oír las quejas de los hombres porque ellos tienden a sufrir en silencio y escuchar todo tipo de insultos idiotas como el clásico “ ay no sea tan niña” que me hace a mí torcer los ojos.

Chicas, no sean bobas y aprovechen  esos que son  "todos bonitos, pero quieren como hermanos” no es que sean Gu***vones , ni marranos, son hombres  hechos y derechos que entienden el valor de una mujer, ese que aveces nisiquiera nosotras comprendemos por que estamos abarrotadas de convenciones estúpidas trazadas en el cuerpo.

A veces necesitamos una sacudida por que nos cuesta mucho entender esos actos pequeños de amor que salen desde los poros. ¡Es que para amar también se necesita cerebro!

jueves, 30 de junio de 2016

Hablemos de menarquias

Hace algún tiempo, una amiga me contó que cuando le llegó la menstruación por primera vez creyó que se estaba desangrando,tenía apenas 12 años y la mamá le había hablado poco del asunto. Otra vez día en mi casa, una chica de 13 años manchó el pantalón, una silla de mi comedor y se escondió en el baño.

En mi caso fue justo antes de cumplir los 12 en un paseo familiar, entré al baño y mis pantys estaban hechos un desastre, recuerdo que me encerré y no quería salir, primero no estaba preparada, segundo nadie me habló de los cólicos y tercero las toallas promocionales que daban en el colegio eran eso, toallas para vender la marca, no talleres ni charlas a corazón abierto.

El asunto de las toallas higiénicas o los tampones no es un tabú, lo promocionan con bombos y platillos en la tv, con chicas lindas que bailan en vestidos blancos, primeros planos de traseros de jean con animaciones en flash que dicen que la regla no te puede arruinar un día y que tienes que disfrutar de tu feminidad.

Pero la realidad es diferente la primera menstruación cae como un balde de agua fría, de un momento a otro te sueltan que "ya eres mujer" y te felicitan (como si antes del primer reguero rojo no lo fueras) quedas confundida, manchada y pensando que lo que viene es una &%$"#.

Recuerdo que le quise esconder la primera regla a mi madre, por que me daba pena hablar de eso,en mi hermoso colegio de monjas, se regalaban toallas higiénicas y se hablaba sobre la regla, de una manera muy light. 

Aun veo que sucede lo mismo con varias niñas que conozco nadie te explica que lso colicos son producto del desgarramiento del endometrio, ni lo que es la ovulación o para qué rayos sirve, no ten enseñan a contar los días y entender las ventanas de oportunidad para embarazo cuando eres pequeña, por que la regla aparentemente solo es un reguero de sangre que ocurre cada mes y pasa por que " ya eres una mujercita".

Creo que allí en el diálogo durante la niñez (no en plena pubertad) y en la repetición del mismo desde el consejo son el corazón abierto  en la casa está la clave para evitar muchos embarazos y abortos no deseados.  

lunes, 13 de junio de 2016

Doméstica, un lugar para comer o pasar la lluvia.


Doméstica es una panadería/salón de onces, ubicada en la carrera sexta con 56 en Bogotá donde desde la entrada se respira calidez, Apenas uno cruza la puerta, se siente ese calorcito propio de los abrazos de abuela, huele a dulce y panadería de barrio.

Por dentro tiene maquillaje de diseñador independiente, colores pastel, madera, paredes blancas, un tablero gigante con dibujos en tiza y la cocina que está separada de la zona en la que comen las personas. Al fondo hay un jardín del que se recogen frutas para la aromática, adentro un sillón varias mesas.

Los sabores son caseros, pero no necesariamente tradicionales, tienen galletas chai, de chocolate, tortas con almendras, helados, rollos de canela con especias  y panes artesanales. La dueña, Dominique, es una mujer que atiende el negocio con tanta dedicación como una madre a un hijo.

Por si no tiene plan, hay wifi, libros para los aburridos y cobijas por si hace frío, es un lugar amigo de las mascotas, de vez en cuando Masato el perro oficial  (un criollito juguetón), se pasea con pañoleta meneando la cola, muy campante.

Uno encuentra estudiantes, señoras tomando onces, muchachos escribiendo en computador,  personas tranquilas y sencillas que le apuestan a un rato de calma en medio del agite citadino, resulta increíble que Doméstica quede apenas a una cuadra de la carrera séptima, pero así es Bogotá, llena de contrastes y sitios para desconectarse de tanto gris.

viernes, 10 de junio de 2016

Slow fashion, estilo –vs-moda

imagen tomada de :
http://images.huffingtonpost.com/2016-04-07-1460000953-6059242-fashion-thumb.gif
La moda cambia en un pestañeo, ayer eran los jeans pitillo de colores, hoy son los boyfriend, mañana los flare, ¡que digo bota campana! y las blusas campesinas y seguramente pronto estaremos utilizando lo mismo que en 1998. 

Es fácil perder el horizonte y el estilo con tantas formas y colores frente a los ojos, es fácil antojarse cada dos por tres, comprar cosas rápidas y baratas buscar el último ítem de las IT girls, porque claro ¡ellas están a la vanguardia! Lo difícil es sentarnos, hacer una pausa y pensar ¿realmente necesitamos el último pantalón con pepas iridiscentes?

Existen otras alternativas, y aquí es donde entra la moda lenta (Esa cosa que en english se llama slow fashion sumercé) que no es nada más que la moda sostenible. No se trata de una tendencia ni de una moda realmente, sino de un estilo de vida, es decir de apelar al estilo propio en vez de saturarnos con lo que hay en los escaparates y que nos pone a brillar los ojitos.

El Slow fashion es utilizar lo que nos gusta, apelar al estilo mas allá de la moda de temporada, es reivindicarnos como sujetos de opinión válida y duradera frente a la industria de la moda.

La moda lenta propone entrar en razón respecto a nuestras prácticas de consumo, es decir privilegiar ropa con orígenes diferentes a la industria masiva, reciclar, reutilizar y transformar prendas, apoyar empresas pequeñas o inclusive artesanos, donar la ropa que no se utiliza… entre otras prácticas que fomenten alargar el ciclo de vida y uso de nuestras prendas o buscar un proceso de elaboración justo.

Algunos tips para que nuestro ropero sea menos rápido y común son: 

1) Buscar prendas clásicas o que nos gusten demasiado.
2) Ir a tiendas no convencionales, por ejemplo de diseñadores emergentes.
3) Intercambiar con madres, abuelas, tías,amigas ellas también tienen cosas espectaculares ropa bonita que no utilizan.
4) Personalizar nuestras cosas, además el plan DIY es divertidísimo.
5) Regalar o donar lo que no usamos y está en buen estado.
6 ) vender la ropa que ya no utilizamos en tiendas vintage.
7) Informarnos sobre las tiendas donde compramos.
8) En caso de que las cosas hayan quedado totalmente inservibles, siempre se puede hacer uno que otro trapito.
9) Si eres hábil con las manos haz tu propia ropa, ahorras dinero y tus ítems serán únicos. 


El caso es no botarlo todo en un 2 por 3 y tratar de apelar a nuestra conciencia ambiental y personal.

lunes, 16 de mayo de 2016

El Restrepo, un barrio de zapateros en sus zapatos

Si me hablan del barrio El Restrepo en Bogotá pienso en 3 cosas: Zapatos, comercio y merengón. Hoy solo voy a hablar de lo primero. En esas calles todo el panorama parece cubierto de polvo en varias gamas de gris hasta que uno entra en la zona comercial y encuentra cuadras repletas de zapatos: colores, cuero, tela, charol, cuerina, brillantes, opacos, bonitos, feos, grandes, pequeños, tenis, tacones, bailarinas, bueno, creo que ya entienden a lo que voy...

Mi primer recuerdo de los zapatos del Restrepo son unos botines color madera oscura, pespuntados y con huequitos en la punta, una mezcla entre Oxford y cocacolos como los llama mi madre. Recuerdo a mi abuelo diciendo: “mijita le traje este regalo”, con los ojos brillando como un tinto claro en la mañana, la sonrisa de oreja a oreja y el bigote blanco que seguía el movimiento del habla.

Desde entonces compro zapatos en ese lugar, a veces bailarinas de colores que vienen de Bucaramanga, a veces de China, pero casi siempre botas que se están haciendo en un taller tras el mostrador. Es cierto que no es el barrio más exclusivo de Bogotá, pero me vale un pepino, para mí es una meca del glamour criollo. Cuando encargo los zapatos en ese barrio modesto, los hacen justo como los pido en talleres de casa, familias que tradición que operan con ganas y valentía nada de zapatos copy paste.

A veces encuentro modelos de temporada, otras sencillamente no. Siempre hay clásicos. Me causa curiosidad y asomo la nariz para ver si alcanzo a mirar los trabajadores de los talleres ; de cuando en cuando veo gente pegando suelas, cosiendo, hormando. Gente que ejerce su oficio con sencillez y pasión, pues los negocios duran y duran años, inclusive sin clientelas gigantes.

China y la industria del calzado barato le han traído épocas difíciles a los fabricantes del Restrepo, pero ellos no se rinden, parece un sitio suspendido en el tiempo. Un lugar de magia, donde a veces encuentro las mismas cosas que en otros almacenes.

La verdad me alegra cuando le compro directamente a un fabricante, cuando me preguntan por los zapatos y no puedo decir que sean de Zara o Stradivarius, Louboutin. No es que tenga nada contra las grandes marcas,  pero esos son zapatos de moda. Los zapatos del restrepo en cambio son esos que compro sin la noción de lo que está In o Out, solamente guiada por el instinto de lo que me agrada. Coco Chanel lo decía bien , la moda pasa, el estilo permanece ( o algo así).

Me alegra comprar en el Restrepo, porque sé que le compré a un paisanito que se parte el lomo con amor, que probablemente no tiene un imperio y tal vez mi compra represente un impulso para seguir trabajando en la casa, en el garaje, desde lo sencillo. Algunos montan negocios grandes y eso me llena el corazón de alegría.

Recuerdo que cuando fui a Estados Unidos por primera vez me preguntaban mucho por el cuero y la marca de mi bolso del Restrepo (el último regalo que me dio mi abuelo antes de morir). Sonreí, dije orgullosa y sin ninguna pena, que era un bolso fabricado en el barrio en el que vivieron mis abuelos.